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comuneros de Huancabamba y Ayabaca participan en reuniones informativas sobre la creación del Área de Conservación Regional Páramos Andinos–Huaringas. Foto: Leandro Amaya

Las Huaringas: el ecosistema de páramos y lagunas al cuidado de las comunidades andinas del norte de Perú

En los páramos de Huancabamba y Ayabaca, comunidades campesinas han protegido históricamente lagunas, bosques montanos y cabeceras de cuenca que abastecen de agua a gran parte del norte de Perú.Para hacerle frente al cambio climático y la minería, autoridades regionales y comunidades impulsan la creación del Área de Conservación Regional Páramos Andinos–Huaringas.La iniciativa busca consolidar un corredor de conservación y reforzar una lucha comunal de más de dos décadas contra el avance de un proyecto minero en el páramo.El Fondo del Agua Andes del Norte asegura que una hectárea de páramo bien conservada tiene 30 % más de capacidad para retener agua.

Publicado: hace 1 hora

En las alturas de Huancabamba, tras horas de cabalgata por la cordillera Huamaní, una pampa se abre entre montañas cubiertas de niebla. Allí descansa la laguna Shimbe, una de las más de veinte lagunas del complejo Las Huaringas.

Curanderos, comuneros y peregrinos llegan hasta sus orillas desde la costa, la sierra y la Amazonía. Algunos piden salud, otros suerte o trabajo; muchos, simplemente, que no falte el agua. Todos hablan en voz baja y miran la superficie oscura de la laguna antes de sumergirse.

Esa agua, nacida en los páramos, descenderá convertida en quebrada, luego en río y viajará hacia los valles costeros de Piura y Chiclayo o hacia la Amazonía, hasta mezclarse con otros caudales que llegarán al Atlántico y al Pacífico. Entre la neblina, el páramo y el silencio, el agua marca el pulso de la vida en el norte peruano.

Comunidades y organizaciones se han unido para crear el Área de Conservación Regional (ACR) Páramos Andinos–Huaringas. Foto: Leandro Amaya

Desde hace siglos, las comunidades campesinas de Ayabaca y Huancabamba han protegido los páramos del norte de Perú, ecosistemas altoandinos que regulan el agua de una región mayoritariamente semiárida. En estas alturas nacen ríos clave para la costa y la sierra norte, lo que convierte a estos territorios en una pieza estratégica para la seguridad hídrica del país.

En Piura, los páramos se concentran exclusivamente en las provincias de Ayabaca y Huancabamba, entre los 3000 y 3700 metros sobre el nivel del mar. Según la Autoridad Nacional del Agua (ANA), estos ecosistemas constituyen la única fuente de agua permanente para decenas de comunidades, valles agrícolas y ciudades de la región. La guía Evaluación del Estado del Ecosistema Páramo califica la relación del norte peruano con los páramos como “una dependencia de niveles extremos”.

Uno de los casos más representativos es el río Quiroz, que nace en estas alturas y alimenta aproximadamente el 70 % del reservorio San Lorenzo, beneficiando a 42 000 hectáreas de cultivos y a más de 12 000 productores agrícolas. “El 30 % restante fluye hacia el río Chira, que a su vez abastece el reservorio Poechos, desde donde se irrigan más de 100 000 hectáreas agrícolas y se provee agua potable a la ciudad de Piura”, sostiene Abel Calle, coordinador del Fondo del Agua Andes del Norte.

Pero la influencia del páramo va más allá de Piura. En Las Huaringas nace también el río Huancabamba, que aporta agua al reservorio El Limón, irrigando el valle de Olmos, en Lambayeque. Hacia el oriente, el Huancabamba se une con el río Chotano para formar el Chamaya, uno de los principales afluentes del Marañón, que finalmente da origen al río Amazonas.

A pesar de su importancia, los páramos enfrentan múltiples amenazas: el sobrepastoreo, la expansión agrícola, la deforestación, los incendios forestales, el cambio climático y, en el caso de Piura, la presión minera.

De acuerdo con la Autoridad Nacional del Agua (ANA), los páramos son la “única fuente de agua” de estas latitudes que garantizan el abastecimiento hídrico de decenas de comunidades, valles agrícolas y ciudades. Foto: Leandro Amaya

La propuesta del ACR Páramos Andinos–Huaringas y su importancia regional

Comunidades locales, organizaciones ambientales y el Gobierno Regional de Piura impulsan la creación del Área de Conservación Regional (ACR) Páramos Andinos–Huaringas, una propuesta que busca proteger más de 16 000 hectáreas de páramos, lagunas y bosques montanos en las provincias de Huancabamba y Ayabaca. Aquí viven 22 comunidades. El proyecto convierte la zona de los páramos en una zona intangible para cualquier intervención depredadora o industria extractivista.

“La pérdida del ecosistema paramuno repercutirá en la agricultura de exportación de la costa, en los ecosistemas y en la organización de las comunidades que habitan estas alturas. Anticiparnos a esa situación es necesario”, advierte la científica Ana Sabogal en su informe “Estudio de caso de los páramos de Pacaipampa, Altos de Frías y Huancabamba, departamento de Piura”.

Iván Mejía, biólogo y jefe de proyectos de la ONG Naturaleza y Cultura Internacional, define a los páramos de Huancabamba como “uno de los corazones hídricos más importantes del Perú y de los Andes del Norte”. Desde hace más de una década, Mejía trabaja para que este territorio sea manejado como una sola unidad ecológica, capaz de resistir presiones como la minería, la tala ilegal y la agricultura extensiva.

“Para preservar los páramos, queremos crear el Área de Conservación Regional Páramos Andinos–Huaringas, porque en este mosaico se fusionan los servicios ecosistémicos, los saberes ancestrales, el agua, los corredores ecológicos… la vida en suma”, dice Angie Melendres, ingeniera ambiental y comunera de Sapalache, uno de los pueblos que será parte del área de conservación.

El complejo Las Huaringas forma parte de un territorio altoandino donde conservación, cultura y agua están profundamente interconectadas. Foto: Leandro Amaya

Por su parte, las comunidades han empezado a revalorizar los páramos no solo como fuente de agua, sino como un territorio ligado a la alimentación, la salud y la memoria. A partir de conocimientos transmitidos por generaciones, identifican y usan especies nativas con propiedades medicinales, fortaleciendo prácticas locales que combinan conservación, bienestar y sustento familiar.

“Desde la comunidad Segunda y Cajas, en coordinación con las rondas campesinas, venimos reforestando para conservar los páramos, la flora y la fauna. Hay organizaciones ambientales que se han unido a esta lucha. Somos conscientes de que desde nuestro pequeño espacio debemos contribuir en la defensa de nuestro medioambiente, así como en la conservación de nuestros recursos naturales», narra Verderiz Velasco, dirigente de la comunidad campesina Segunda y Cajas, pueblo donde se ha logrado crear un área de conservación privada para proteger parte de los páramos andinos de la región, sentando un precedente en la resistencia antiminera.

“A la tierra hay que cuidarla de las amenazas”, dice uno de los presidentes de ronda de las comunidades de Huancabamba durante una reunión en la comunidad de Salalá [por donde se ingresa al circuito de lagunas Las Huaringas] para la instauración de la ACR. Una de las amenazas a las que él se refiere es la minería y prefiere no dar su nombre porque han incrementado las amenazas contra quienes se oponen a proyectos extractivos.

“Nosotros empezamos [el proceso para crear la ACR] en 2006. Planteamos un área de conservación avalada por el Estado mediante el Ministerio del Ambiente, pero lamentablemente nadie nos apoyó, entonces nosotros empezamos a trabajar mediante nuestro Plan de Manejo Participativo [una iniciativa privada], viendo la forma de cómo conservar, cómo cuidar, cómo recuperar el espacio de los páramos, que es la única reserva que nos queda en el techo andino de nuestra región. El área de conservación ambiental nos está amparando para seguir la conservación y poder proteger la fauna y la flora”, cuenta Serafín Herrera, dirigente comunal y uno de los pioneros en impulsar la creación del ACR.

El proceso oficial de creación del ACR se inició en 2023 y actualmente se encuentra en su tercera etapa, la de zonificación. “Estamos verificando el uso del territorio, visitando comunidades y dialogando con la población para definir las zonas de conservación, amortiguamiento y uso directo”, explica Lucy Riojas, subgerente regional de Gestión de Recursos Naturales del Gobierno Regional de Piura.

La propuesta también se articula con el Corredor de Conservación Andes del Norte (CCAN), reconocido por ordenanza regional en 2024. En Piura, este corredor abarca aproximadamente 172 000 hectáreas e integra al menos ocho áreas de conservación, entre privadas, municipales y propuestas en proceso de creación, incluido el ACR Páramos Andinos–Huaringas.

En Perú, los páramos se ubican únicamente en el norte del país, en Piura y Cajamarca. En el caso de Piura están limitados a las provincias de Ayabaca y Huancabamba, entre los 3000 y 3700 metros sobre el nivel del mar, y su presencia hace literalmente viable la vida cuesta abajo. Foto: Leandro Amaya

Además, si el ACR se concreta, pasará a formar parte del Corredor de Conservación Transfronterizo Andino-Amazónico, una iniciativa binacional entre Perú y Ecuador orientada a mantener la conectividad ecológica entre páramos, bosques montanos y ecosistemas amazónicos. Esto permitirá el desplazamiento seguro de especies como el oso de anteojos (Tremarctos ornatus), el tapir andino (Tapirus pinchaque) y el puma (Puma concolor), además de asegurar el flujo genético y la estabilidad de los ecosistemas.

Para los impulsores del área, la conservación no puede desligarse del bienestar de las comunidades. “No se puede preservar sin cubrir las necesidades básicas”, sostiene Mejía, quien insiste en que los comuneros deben acceder a proyectos productivos sostenibles que garanticen seguridad alimentaria sin degradar el entorno.

La presión minera y la defensa del territorio

Para los pobladores de los páramos de Ayabaca y Huancabamba, la principal amenaza es la minería. “La creación del ACR es clave para limitar actividades extractivas como la minería”, afirma Abel Calle, coordinador del Fondo del Agua Andes del Norte.

Desde 2007, las comunidades de la zona mantienen una oposición sostenida al proyecto minero Río Blanco, de cobre y molibdeno, que busca operar cerca de cabeceras de cuenca y dentro de los páramos y bosques montanos. Las rondas campesinas vigilan el territorio mediante tranqueras y control de accesos, una práctica que consideran fundamental para proteger sus tierras.

Mensajes contra la minería aparecen en comunidades de Huancabamba, donde persiste la oposición al proyecto minero Río Blanco. Foto: Leandro Amaya

“La comunidad viene resistiendo en una lucha de más de 20 años contra el proyecto Río Blanco que quiere instaurarse en territorios comunales. En 2007 le dijimos no a este proyecto y, aunque hasta hoy insisten, nosotros como pueblo estaremos aquí para respaldar esta lucha hasta que podamos”, afirma Verderiz Velasco.

Sin embargo, plantarle cara al proyecto durante todos estos años ha tenido un alto costo para las comunidades. En 2004 y 2005, protestas comunales fueron reprimidas por la Policía Nacional del Perú, y en medio de ese escenario murieron Reemberto Herrera Racho y Melanio García González.

En 2009, durante nuevas movilizaciones, los ronderos Vicente Romero Ramírez y Cástulo Correa Huayama murieron en medio de disparos. Hasta hoy, los familiares denuncian falta de justicia.

“Son más de 20 años de lucha”, recuerda Abel Calle, quien nació y creció en Pacaipampa, uno de los distritos que formaría parte del ACR Páramos Andinos Huaringas. “Sin la organización comunal, la minería ya habría entrado”.

Mongabay Latam consultó a la empresa minera Río Blanco para conocer su versión respecto a las afirmaciones de los pobladores y sobre su interés en una zona ambientalmente sensible donde hay una rotunda oposición, pero hasta la publicación de este texto no obtuvimos respuesta.

En las alturas de Huancabamba, tras horas de cabalgata por la cordillera Huamaní, una pampa se abre entre montañas cubiertas de niebla. Allí descansa la laguna Shimbe, una de las más de veinte lagunas del complejo Las Huaringas. Foto: Leandro Amaya

En Perú, la ley prohíbe las actividades mineras dentro de áreas naturales protegidas. Para las comunidades, la creación del ACR Páramos Andinos–Huaringas representaría un cerrojo legal frente a la expansión extractiva y una forma de asegurar el agua para las futuras generaciones.

Lucy Riojas, subgerente regional de Gestión de Recursos Naturales del Gobierno Regional de Piura, dice que es imperativo que “Páramos Andinos Huaringas” se cree el otro año, porque están contra el tiempo y se enfrentan a “otros poderes”, en referencia a la supuesta influencia de la minería en la actividad política local. “La verdad es que hay bastante presencia de la empresa minera, pero nosotros estamos firmes en la creación de nuestra área de conservación”, asegura la funcionaria.

“Para nosotros el ecosistema frágil es igual al sistema circulatorio de una persona, si a una persona le rompen una parte de las venas, toda su sangre empieza a derramarse y al final tiene que morir. Si rompen las represas naturales, si rompen los manantiales, rompen los riachuelos y todo, entonces tenemos la plena seguridad de que eso lo vamos a perder totalmente, y por esa razón es que resistimos”, narra Serafín Herrera, dirigente comunal y rondero de los páramos piuranos.

El artículo original fue publicado por Leandro Amaya en Mongabay Latam. Puedes revisarlo aquí.

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