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luego de una faena con chinchorro, algunos peces que se consideran despreciables son dejados y terminan pudriéndose en la arena. Foto: Sebastián Castañeda

El mar peruano que baña la Reserva Nacional de Illescas es acechado por la pesca ilegal

Los guardaparques que patrullan la Reserva Nacional de Illescas enfrentan constantemente a los pescadores que usan chinchorro, una red prohibida en este país. Dado que la reserva es un área protegida únicamente terrestre, los guardaparques se ven frecuentemente limitados para actuar. Expertos advierten sobre la necesidad de proteger este importante espacio marino que, a pesar de su rica biodiversidad, es asediado por la pesca ilegal.

Publicado: 2025-03-25

“¡Tú mar es de acá para allá!”, dice en tono agresivo un individuo enfundado en un pasamontaña negro, al borde del mar y cerca de una caseta de vigilancia de la Reserva Nacional de Illescas (RNI), ubicada en el departamento de Piura, a unos 800 kilómetros al norte de Lima.

Cerca de la orilla, hay una camioneta algo desvencijada, junto a ella un pequeño bote de madera, al que llaman “zapatito”, y sobre la arena una red donde aún aletean algunas lisas (Mugil cephalus).

Se trata de un chinchorro, un aparejo de pesca prohibido en todo el litoral peruano desde 2009 por una resolución del Ministerio de Producción (Produce) . Son cerca de las dos de la tarde y en medio de un sol indeciso, el ambiente se vuelve cada vez más tenso por los gritos de los infractores. Uno de ellos argumenta que “las playas son de Dios”; otro dice que sabe que esto “está prohibido”, pero que tiene familia y tiene que mantenerla. Personal del Servicio Nacional de Áreas Protegidas del Perú (SERNANP) se acerca a persuadirlos y advertirles que están vulnerando la ley, por lo que tienen que levantar sus aparejos e irse.

Un camión que acompañaba a estos pescadores furtivos, con varias personas más, acaba de huir del lugar. Quedan aún quienes estaban jalando el chinchorro, pero finalmente se montan en la camioneta que arrastra el ‘zapatito’ y también abandonan la playa. Dejan en la orilla varios peces pequeños, que consideran inservibles, y que el sol rápidamente calcinó.

“Esto no es nada”, cuenta uno de los guardaparques que, como parte de su trabajo, ha tenido varios enfrentamientos con los ‘chinchorreros’. En una ocasión, relata, hubo forcejeos y casi se van a las manos, y en otra, a pesar de los furiosos reclamos, la policía presente en un operativo sorpresa cortó las redes. Esta vez, ese tipo de intervención no fue posible. Los infractores, conscientes de que en el área protegida los controlan, se han instalado, provocadores, en el límite de la reserva. Por eso lo de “tu playa es de acá para allá”.

Toma aérea de pescadores usando el chinchorro, un método de pesca ilegal, en el mar que está en el límite donde comienza la reserva. Foto: Sebastián Castañeda

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Luchando contra la marea

Esta área protegida tiene un poco más de 36 550 hectáreas. Alberga hermosas playas, ubicadas en sectores del área denominados Reventazón, Punta El Faro, La Garita, Nunura. En este último sector, hay un acantilado donde retozan numerosos ejemplares de lobo marino chusco (Otaria flavescens), una especie que en Perú ha sido categorizada como Vulnerable, aún cuando la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la tiene en la categoría de Preocupación Menor. En el sector El Faro, en las vistosas rocas cercanas a la orillas revolotean algunas especies de aves, como la migratoria gaviota de Franklin (Leucophaeus pipixcan).

Acantilados de la reserva nacional Illescas. Foto: Sebastián Castañeda

El silencio que domina este ecosistema, al que algunos especialistas denominan ‘El Planeta Illescas’ es sobrecogedor. Sin embargo, hay un problema que envuelve a esta área protegida: es únicamente costera. No resguarda ningún espacio marino, como sí ocurre, por ejemplo, con la Reserva Nacional de Paracas, ubicada a 260 kilómetros de Lima, que es marino-costera. De allí que la intervención del personal de la Reserva de Illescas tenga límites. Dado que la pesca ilegal con chinchorro se produce en el mar, fuera del territorio donde estos funcionarios tienen competencia, para montar operativos de control más efectivos y no sólo advertirle a los pescadores ilegales que se vayan, deben actuar de manera coordinada con otras entidades, como la Policía.

Lo hacen periódicamente para proteger el área. Entre el 29 de septiembre de 2022 y el 11 de septiembre de 2024, se han realizado ocho patrullajes conjuntos, en los que han participado la Policía de Medio Ambiente, la Fiscalía Especializada de Medio Ambiente (FEMA), la Dirección Regional de la Producción de Piura, el Produce y personal de la RNI. Con tales intervenciones, que se realizan de manera sorpresiva, han logrado disminuir la incidencia de pesca con chinchorro que impacta en el mar que está frente a la reserva. Pero no es suficiente.

Un guardaparque patrullando una zona del área protegida. Foto: Sebastián Castañeda

En este espacio de mar también incursionan barcos arrastreros a pocos metros de la costa, como uno que fue avistado por Mongabay Latam cerca de Punta El Faro, mientras desplegaba sus redes. En Perú, las redes de arrastre están prohibidas dentro de las primeras cinco millas marinas por lo que eventos como estos pueden ser intervenidos por el mismo Produce o por la Dirección de Capitanías y Guardacostas del Perú (DICAPI), la autoridad encargada de proteger el medio ambiente y reprimir todo acto ilícito en las zonas marítimas, fluviales y lacustres del país. Los guardaparques de Illescas, en cambio, no pueden, precisamente porque las embarcaciones están fuera de su jurisdicción.

Silvana Baldovino, directora de Biodiversidad y Pueblos Indígenas de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA) sostiene que desde un comienzo, “Illescas debió ser un área protegida marino-costera, como Paracas”.

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Zona de transición

Para los expertos, resulta por lo menos curioso que en la reserva de Illescas no se haya considerado incluir el mar que alberga una alta biodiversidad y corre riesgos constantes por la pesca ilegal.

El biólogo marino Yuri Hooker considera que esta zona tiene “una importancia excepcional en la biogeografía y distribución de especies en el Pacífico Sur”. Es un mar donde se produce una mezcla de aguas frías, provenientes de la corriente denominada de Humboldt (que va de sur a norte), y aguas tropicales provenientes de la corriente ecuatorial llamada también Corriente del Niño (que va de norte a sur). Por eso, continúa el especialista, se le llama “Área de Transición Tropical Templada”.

Lobos marinos chuscos en un acantilado de la reserva. Foto: Sebastián Castañeda

De allí que en sus profundidades viven peces como el mero murique (Mycteroperca xenarca), propio de ecosistemas marinos tropicales, y al mismo tiempo la pintadilla (Cheilodactylus variegatus), que vive más bien en aguas frías. Hooker añade que esa transición de corrientes produce una diversidad subacuática todavía poco conocida que, por lo mismo, “debería ser estudiada y protegida”. Además, según Matías Caillaux, ingeniero pesquero en The Nature Conservancy (TNC), este es el lugar más al norte de Perú donde hay grupos grandes de Pingüino de Humboldt (Spenicus humboldti), una especie considerada por la UICN como Vulnerable y En Peligro por la legislación peruana.

El área de transición, explica Hooker, comienza justamente en el mar de Illescas y termina al norte, en el sector El Ñuro, dentro de la recientemente creada Reserva Nacional Mar Tropical de Grau. Por la enorme productividad de este mar cargado de aguas con temperaturas distintas, Hooker sugiere que el límite sur, ubicado precisamente en Illescas, tendría que protegerse.

Los flamencos aparecen periódicamente y se posan en playas donde casi no hay presencia humana. Foto: Sebastián Castañeda

El funcionario del Sernanp, Aldo Aguirre, quien es jefe de la reserva, cuenta que cuando en la década de 1970 comienza a analizarse este ecosistema, “no se hablaba de pingüinos o especies marinas”. El foco de interés estaba en el cóndor (Vultur gryphus). De hecho, hasta ahora, varios ejemplares de esta ave rapaz viven en el macizo, una formación rocosa de hasta 461 metros de altura, que constituye el 65.46 % del área protegida (el resto está en las zonas vecinas al mar). Este es el único lugar de la costa donde se ha encontrado un nido de esta especie.

Pero hoy todo indica que se hace necesaria la creación de una nueva área protegida, o al menos el establecimiento de normas claras para la protección de este valioso ecosistema marino-costero en su conjunto. “Entendamos qué hay en el agua”, propone Caillaux, quien desde TNC está trabajando con Sernanp para fortalecer la gestión de Illescas e incrementar el conocimiento sobre el ecosistema marino y su biodiversidad. Con ello, se podría establecer mecanismos de conservación en el ecosistema adyacente, que sigue siendo impactado por los pescadores con chinchorro y por otros métodos de pesca lesivos.

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Conservar, no depredar

El chinchorro es una red que es jalada desde la playa con la fuerza humana o a veces con vehículos motorizados. Como dice la propia resolución del Produce que prohíbe su uso, es un mecanismo “de muy baja selectividad”, es decir, que no distingue entre tipos de especies o entre peces grandes y chicos, por lo que ocasiona que haya descartes. Esto es cuando se desechan los ejemplares que no pueden ser comercializados porque son demasiado pequeños o porque no tienen demanda en el mercado.

El descarte es uno de los grandes problemas en la sostenibilidad pesquera a nivel mundial y se realizan esfuerzos constantes para evitarlo. Además, el chinchorro actúa como una red de arrastre por lo que tiene grandes impactos en los fondos marinos.

El ‘boyador’ es otra forma de pesca ilegal que ronda por estos mares. Consiste en usar un palo y el resto de una boya marina, con la cual se hace vibrar el agua y se atonta a los peces para que sea más fácil capturarlos con redes. La vibración no distingue y termina afectando a peces pequeños, lobos y aves, como han visto los guardaparques de la RNI. Por eso, Marco Sánchez, funcionario del Sernanp y especialista de la reserva, sostiene que proteger la parte marina “ayudaría a proteger la misma parte costera”.

El camión de los chinchorreros listo para escapar luego de tener un enfrentamiento verbal con personal de la reserva. Foto: Sebastián Castañeda

Tan clara es la necesidad de que se cree una nueva zona de conservación adjunta que en la reciente Conferencia de las Partes número 16 de la Convención sobre Biodiversidad Biológica de las Naciones Unidas, realizada el año pasado en Cali, José Carlos Nieto, el jefe de Sernanp, mostró durante una exposición un mapa de los 36 sitios prioritarios para la conservación del mar peruano. Entre ellos, estaba el ecosistema marino ubicado frente a la Reserva Nacional Illescas.

En efecto, el Plan Director de las Áreas Naturales Protegidas presentado en 2024 por Sernanp señala al mar de Illescas como una de las Áreas de Alto Valor para la Conservación, en las cuales corresponde “priorizar el establecimiento de una modalidad de conservación”.

De acuerdo a la normativa peruana, una vez que se crea un área protegida ya no puede ser ampliada. Lo que corresponde por tanto en este caso, es crear otra, vecina, que establezca los mecanismos de conservación necesarios que eviten los impactos que preocupan a los especialistas y mantienen en alerta a los guardaparques. Aunque eso aún no ocurre, la RNI ha establecido Acuerdos de Conservación con los pescadores legales que faenan en este mar, quienes también son conscientes de que el lugar necesita ser conservado.

El chinchorro es una red que es jalada desde la playa con la fuerza humana o a veces con vehículos motorizados. Foto: Sebastián Castañeda

Se promueve en ellos, explica Aguirre, prácticas responsables como no usar el chinchorro y tampoco redes que capturen ejemplares muy pequeños y que puedan perjudicar la reproducción de las especies. También se les pide respetar las tallas mínimas en la pesca con anzuelo y que no dejen sus desechos en la playa luego de trabajar. Pero también participan de algo crucial: sirven de alerta temprana frente a la presencia de chinchorreros al interior de la reserva.

El trabajo en conjunto viene funcionando desde 2022, con nueve grupos de pescadores artesanales. Dos utilizan cordel y provienen de los distritos de La Unión (Piura) y Mórrope (Lambayeque). Los otros siete usan la red de cortina y son de distintos distritos lambayecanos. Todos entran por la parte costera de la reserva a trabajar y, por lo general, se quedan varios días para contar con un número importante de capturas.

Sin embargo, antes la faena “era mucho más fácil”, dice un pescador con cordel que lleva varios días pescando mientras muestra la caja con hielo donde están sus presas, entre las cuales hay chulas (Menticirrhus paitensis), sucos (Paralonchurus peruanus), pintadillas y un mero murique. Al estilo de la mayoría de los pescadores que entran en Illescas, han llegado en una camioneta de doble tracción, un poco envejecida, y han montado frente al mar un campamento rústico, donde pernoctan y van saliendo todos los días al mar.

Un pescador de cordel lanza su anzuelo en una playa de Illescas. Estos pescadores artesanales forman asociaciones y están registrados por los guardaparques. Foto: Sebastián Castañeda

Más allá, en otro campamento ubicado bajo un enorme árbol de algarrobo, están Carlos Pastor y sus compañeros, todos pertenecientes al denominado Grupo Illescas, una asociación de pescadores deportivos veteranos provenientes de Chiclayo, Puerto Etén y otros pueblos de Lambayeque. Su sensación es similar a la de los pescadores artesanales. “Llevamos un par de días acá y sólo hemos sacado un par de lenguados”, dice Pastor con cierta amargura.

El chinchorrero que tomó un palo en gesto agresivo cuando fue encarado por el personal de la reserva da cuenta de la necesaria regulación que permitiría no agotar los recursos de este ecosistema que alberga 53 especies de plantas, siete de mamíferos y 120 especies aves, incluyendo al minero peruano (Geositta peruviana) endémico de la región.

De acuerdo con el Plan Maestro, el estado de conservación del macizo es del 100 %, mientras que el del bosque seco y el desierto es de 90.08 %. No se sabe con precisión, sin embargo, cuál es la situación del mar que baña estas costas por donde se ven pasar algunos botes, donde se zambullen los pingüinos y los lobos marinos, pero donde también incursionan los pescadores ilegales mientras los peces escapan con desesperación de ellos.

*Imagen Principal: luego de una faena con chinchorro, algunos peces que se consideran despreciables son dejados y terminan pudriéndose en la arena. Foto: Sebastián Castañeda

Más allá, en otro campamento ubicado bajo un enorme árbol de algarrobo, están Carlos Pastor y sus compañeros, todos pertenecientes al denominado Grupo Illescas, una asociación de pescadores deportivos veteranos provenientes de Chiclayo, Puerto Etén y otros pueblos de Lambayeque. Su sensación es similar a la de los pescadores artesanales. “Llevamos un par de días acá y sólo hemos sacado un par de lenguados”, dice Pastor con cierta amargura.

El chinchorrero que tomó un palo en gesto agresivo cuando fue encarado por el personal de la reserva da cuenta de la necesaria regulación que permitiría no agotar los recursos de este ecosistema que alberga 53 especies de plantas, siete de mamíferos y 120 especies aves, incluyendo al minero peruano (Geositta peruviana) endémico de la región.

De acuerdo con el Plan Maestro, el estado de conservación del macizo es del 100 %, mientras que el del bosque seco y el desierto es de 90.08 %. No se sabe con precisión, sin embargo, cuál es la situación del mar que baña estas costas por donde se ven pasar algunos botes, donde se zambullen los pingüinos y los lobos marinos, pero donde también incursionan los pescadores ilegales mientras los peces escapan con desesperación de ellos.

*Imagen Principal: luego de una faena con chinchorro, algunos peces que se consideran despreciables son dejados y terminan pudriéndose en la arena. Foto: Sebastián Castañeda


El artículo original fue publicado por Ramiro Escobar en Mongabay Latam. Puedes revisarlo aquí.

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Escrito por

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Mongabay Latam es una plataforma de noticias ambientales, científicas y de conservación en español.


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