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Imagen de cámara trampa de un puma en la Reserva Nacional Salinas y Aguada Blanca. Foto: Procarnívoros.

“Si queremos conservar al puma también debemos cuidar a sus presas principales”: Héctor Luque | ENTREVISTA

El investigador peruano estudió los hábitos alimenticios de los pumas en la Reserva Nacional Salinas y Aguada Blanca; su trabajo reveló que las vicuñas y los guanacos silvestres son las especies que más consumen estos felinos. El científico creó un instituto para que estudiantes puedan acceder a becas y entren en contacto con reconocidos científicos.

Publicado: 2022-09-14

Héctor Luque descubrió el mundo de la biología de la mano de su padre. Con él viajó a varias provincias en Puno, en el sur de Perú, e incluso estudió en los pueblos donde su padre enseñaba, un profesor rural dedicado a la biología y a la química.

Pero su fascinación por los felinos la descubrió en la Reserva Nacional Pacaya Samiria; ahí llegó como voluntario y quedó maravillado por lo que descubrió del jaguar. Cuando regresó a Puno pensó en seguir el rastro a los jaguares en la selva de esa región. Sin embargo, un profesor lo animó a buscar una alternativa en los Andes. Fue así que convirtió al puma en el centro de sus investigaciones.

El biólogo peruano Héctor Luque en la reserva Nacional Salinas y Aguada Blanca. Foto: Cortesía Héctor Luque.

En su búsqueda del gran depredador de los Andes, Luque llegó a Chile y después a la Reserva Nacional Salinas y Aguada Blanca, en Arequipa, Perú. Sus investigaciones sobre este felino también lo llevaron a Costa Rica para especializarse en estrategias de conservación.

Ahora su investigación «Alimentación del puma (Puma concolor) en el altiplano alpino de las Salinas y Reserva Nacional Aguada Blanca, Perú», publicada recientemente, es uno de los pocos estudios sobre esta especie realizada en los Andes peruanos.

Luque no solo hace investigación, también se preocupa por cerrar las brechas socioeconómicas de los investigadores peruanos, por eso creó el Instituto Andino de Conservación y Manejo de Vida Silvestre, que busca conectar a estudiantes de regiones andinas con investigadores destacados de diferentes partes del mundo.

En esta entrevista, Luque cuenta a Mongabay Latam sobre sus investigaciones y su proyecto para apoyar a los jóvenes científicos en Perú.

—¿Por qué decidió investigar sobre la alimentación del puma?

—Cuando estaba en la universidad, leí algunos estudios sobre la dieta del puma que se habían hecho en otras regiones de América y me percaté que había muy pocos estudios sobre este tema realizados en los Andes. De hecho, la mayor cantidad de estudios que se habían hecho sobre el puma en los Andes provenían de Chile, Argentina y Bolivia. No encontré, hasta ese momento, un estudio que describiera la dieta del puma en una región altoandina de Perú. Por recomendación de algunos profesores y el interés de conocer un poco más sobre el puma, planteé este estudio.

Al ejecutar la tesis me enfrenté con muchos problemas metodológicos. Como había leído estudios de investigadores en Chile, los contacté para que me asesoraran. Uno de ellos me contestó y me invitó a Chile. Me dijo: «tienes preguntas muy interesantes ¿por qué no vienes y conversamos en persona?»

Imagen de cámara trampa de un puma en la Reserva Nacional Salinas y Aguada Blanca. Foto: Procarnívoros.

—¿Y se fue a Chile?

—Mis papás me ayudaron, sacaron un préstamo para que yo pueda viajar y me fui para Chile. Ahí conocí a quienes son mis coautores. Ellos me dieron recomendaciones valiosísimas. Uno de ellos es un científico muy reconocido, Agustín Iriarte Walton, una autoridad en el estudio de los pumas. También conocí a otro experto, el investigador Alfredo Zúñiga. Estuve un tiempo en Santiago y otro en Temuco, para resolver mis dudas. Regresé a Perú para ejecutar mi investigación que sustenté en 2016. Dos años después, en 2018 empecé el proceso de redacción del artículo junto con todas las personas que formaron parte de la investigación.

—Usted hizo su investigación en la Reserva Nacional Salinas y Aguada Blanca, en Arequipa. ¿Qué lo llevó a esa área protegida?

—Cuando le mencioné a un profesor de la universidad que quería estudiar sobre la dieta del puma me dijo que primero encontrará una zona donde haya pumas. Entonces era un hecho que tenía que investigar dentro de un área protegida, porque eso me aseguraba que el ecosistema se encuentre, digamos, en una condición más natural que un área no protegida, lo cual incrementaba la posibilidad de encontrar a la especie.

El otro factor fue económico, pues en las áreas protegidas hay, digamos, apoyo del gobierno para los estudiantes que vamos como voluntarios y podemos hacer nuestras investigaciones. Entonces fue un tema estratégico: encontrar la especie y también en términos económicos. En el camino conocí a otro investigador que también estaba trabajando con pumas en la reserva.

—¿Por qué decidió enfocarse en el puma?

—Cuando estuve en la Reserva Nacional Pacaya Samiria encontré en la biblioteca del puesto de control un documento de gestión, un pequeño folleto, que hablaba sobre el jaguar, y quedé maravillado. Cuando regresé a Puno, pensé que debía buscar algo cerca y quería irme a la selva de Puno, pero un profesor me dijo que en la selva hay muchos investigadores, pero que no se hace casi nada en la sierra y fue así que pensé en el puma. Entonces decidí utilizar el equivalente ecológico del jaguar. En los ecosistemas de bosque amazónico, el jaguar es el máximo depredador mamífero terrestre y su equivalente ecológico en los Andes es el puma, el felino de mayor distribución que América, que se encuentra desde el nivel del mar hasta los 5800 metros de altitud en los Andes, y también habita en la selva.

Héctor Luque señala que los hallazgos de la investigación permitirá tomar decisiones de conservación con base en la evidencia científica. Foto: Cortesía Héctor Luque.

—¿Cuáles fueron los principales hallazgos de esta investigación?

—El principal hallazgo fue el gran espectro de presas que tiene el puma. En las heces que analizamos encontramos pequeños roedores, presas medianas y también presas de tamaño grande. Esto nos permitió concluir que el puma interactúa con todas las especies de la fauna terrestre que se encuentran en la zona, desde pequeños roedores hasta animales como la llama, la alpaca y los perros. También con animales no nativos en Sudamérica, como la liebre europea que se introdujo en el siglo XIX en Argentina y se ha expandido como una plaga a lo largo del sur de Sudamérica y está en expansión hacia el norte. En Salinas y Aguada Blanca hemos encontrado rastros de esta liebre y de perros domésticos en la dieta del puma. También puedo decir que dentro del espectro de presas se incluye la depredación de animales no nativos.

Además, aunque el puma se alimenta de animales domésticos como el ganado, las llamas y alpacas, las presas preferidas siempre son los camélidos silvestres como la vicuña y el guanaco. Encontramos que la especie que más biomasa le aporta al puma es la vicuña, seguida del guanaco y después están las demás especies.

Otro hallazgo importante es que las poblaciones de camélidos domésticos, como llamas y alpacas, son más abundantes que los camélidos silvestres. Sin embargo, a pesar de la alta densidad de ganado doméstico, las vicuñas y los guanacos silvestres fueron las especies más consumidas. Creemos que esto se debe, principalmente, al manejo ganadero, pues por lo general, el ganado siempre está resguardado en corrales.

—¿Qué importancia tiene conocer la dieta de una especie?

—Saber, por ejemplo, cuáles son las principales presas del puma o cuáles son las presas más importantes de una especie permite a los gestores de vida silvestre contar con herramientas para tomar decisiones con base en la evidencia científica. Nosotros sabemos, gracias a este estudio, que el puma depreda a los zorros y que controla sus poblaciones. Le pongo un ejemplo, si no existieran pumas o si se extirparan a los pumas de Salinas y Aguada Blanca, lo más probable es que las poblaciones de zorros se incrementarían exponencialmente y, al suceder esto, la depredación del ganado sería mucho más alta.

Un puma puede cazar cinco o seis llamas en un año, pero un zorro va a cazar 15 o 20 crías de llama en un año. Esta evidencia permite, por ejemplo, al Sernanp [Servicio Nacional de Áreas Protegidas por el Estado] utilizar esta información para tomar decisiones sobre el manejo del área protegida.

La depredación de los zorros se puede utilizar como una estrategia de educación ambiental para explicar a la población, y a los ganaderos, cuáles son los servicios que ofrecen los pumas.

También al saber que la vicuña es su presa principal podemos entender que, si queremos conservar al puma, también debemos cuidar a sus presas principales. Entonces, podemos decir que el principal aporte de esta investigación es la evidencia científica para la toma de decisiones para la conservación. A veces, muchas decisiones de conservación se toman en ausencia de evidencia científica, e incluso, ante la ausencia de estudios en el país, se debe recurrir a investigaciones de otros países en ecosistemas similares.

Huella de un puma en la Reserva Nacional Salinas y Aguada Blanca. Foto: Hector Luque.

—¿Es complicado determinar la dieta de un animal, en este caso, el puma?

—La comunidad científica tiene varias formas de tener una aproximación a la dieta de un individuo: se puede hacer a través de análisis isotópicos, también a través de la observación directa y, la forma más eficiente y menos invasiva es el análisis de sus heces. Existen guías de heces, si tiene una determinada forma es de zorro; si tiene otra forma es de gato, o de puma. Es decir, existen guías bien detalladas. Y así como existen guías de heces también existen guías de pelos, pues cada especie tiene un patrón de la cutícula del pelo diferente. Las guías describen cómo es el patrón y las características de los pelos de cada especie.

—¿Cómo hizo usted el análisis?

—Lo primero fue identificar las heces en campo con la ayuda de los guardaparques y luego hacer un análisis en laboratorio. Para ello se tiene que retirar todo el material digerido y solamente quedarnos con los pelos, hacemos un proceso de lavado de los pelos y analizamos cada uno de estos para saber a qué animal pertenece y hacer una clasificación. Así, obtuve muestras de pumas de 21 heces y analicé, por ejemplo, cuántas veces apareció un guanaco, cuántas una vicuña.

En el caso de las presas medianas y pequeñas, como los ratones, que son las especies más frecuentes, pero no necesariamente son las especies más importantes. Por ejemplo, un ratón puede aparecer en las 21 muestras, pero cuando es depredado por un puma no ofrece mucha materia digerible, en cambio un guanaco si, porque solamente el corazón de un guanaco o un órgano blando ofrece mucho más energía o proteína que un ratón. Aunque las presas pequeñas son las más frecuentes, las presas más importantes son aquellas que ofrecen mayor cantidad de biomasa, en este caso las presas más grandes.

—Tomando en cuenta que la investigación se desarrolla dentro de la reserva Salinas y Aguada Blanca, ¿cuál fue el nivel de coordinación con el personal de Sernanp?

—De hecho Sernanp tuvo una participación fundamental en este trabajo. Además del permiso nos dieron todas las facilidades para realizar la investigación. Creo que Sernanp cumple un rol importante en la formación de científicos, sobre todo para muchos de los estudiantes que no tenemos recursos para financiar nuestras investigaciones. Y también quiero destacar el apoyo de los guardaparques que ha sido fundamental. Ellos destinaron su tiempo de trabajo para llevarme a las zonas donde hay pumas, me enseñaron a buscar rastros, a identificar las heces. Con el expertise de los guardaparques logramos sacar adelante este estudio. Los guardaparques son maestros de campo para los estudiantes y muy importantes en la formación científica de los biólogos o de las personas que trabajan en las áreas protegidas.

Los pumas habitan desde el nivel del mar hasta los 5800 metros de altura. Foto: Cámara trampa en la Reserva Salinas y Aguada Blanca.

—Los guardaparques cumplen una labor clave para la ciencia

—Es fundamental. Además de ayudarnos a colectar datos útiles para la investigación científica, también son héroes, trabajan arriesgando su propia vida en beneficio de la conservación. Recuerdo, por ejemplo, una vez que había una tormenta muy fuerte en Salinas y Aguada Blanca, resulta que habían cazadores furtivos de vicuña. Los guardaparques tuvieron que ir para tratar de capturarlos, poniendo su propia vida en peligro.

—¿Qué investigación está haciendo ahora?

—Con un colega, profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos que trabaja en la estación veterinaria Ivita Marangani en Cusco, acabamos de escribir un artículo académico sobre la matanza de pumas. Es sobre las condiciones corporales de los pumas que comen ganado. Mi coautor dirige una institución depositaria de muestras biológicas autorizada por el Serfor [Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre] y, como es veterinario, recibió dos cadáveres de pumas asesinados por ganaderos.

Coincidentemente encontramos que estos pumas tenían condiciones corporales bajas. Uno de ellos era un macho joven que estaba en condición de desnutrición, al parecer era un juvenil y no podía cazar. La otra era una hembra que tenía los huesos de la pata trasera fracturados y mal soldados, entonces posiblemente le producía cojera.

También encontró un tercer puma que era anciano, tenía la dentadura desgastada. Entonces hemos llegado a la conclusión de que estos tres pumas no reunían las condiciones necesarias para poder buscar sus presas en paisajes sin humanos, puesto que tenían que competir con pumas más fuertes y, al no poder hacerlo, se vieron obligados a buscar espacios de forrajeo auxiliares.

En los lugares donde hay ganado, cazar una llama o una alpaca es mucho más fácil para un depredador que cazar un guanaco o una vicuña. Las llamas y alpacas, al ser animales domésticos, no se van a defender ni escapar. Tenemos la hipótesis de que estos individuos no reunían las condiciones de salud necesarias para la captura de presa silvestres, lo que los condujo a buscar sus presas en paisajes rurales humanos.

—En el caso del conflicto entre pumas y humanos, principalmente con los ganaderos, ¿han hecho alguna investigación sobre el tema?

—Estamos trabajando en un estudio sobre mortalidad de ganado. Hemos hecho un análisis de datos provenientes de criaderos de llamas y alpacas en los Andes para ver cuál es la principal causa de mortalidad del ganado. Hemos encontrado que las principales causas de mortalidad de llamas y alpacas son las enfermedades, que la mortalidad por depredadores es mucho menor. Los ganaderos en los Andes tienen percepciones muy negativas hacia el puma y eso los pone en peligro. Pero este conflicto también tiene un componente socioeconómico, pues imagine que un puma mate un ganado o una alpaca, eso va a significar una pérdida, entonces, evidentemente la población va a tener una actitud negativa porque están atentando contra su economía, pero también es un problema para la conservación.

Héctor Luque también ha creado un instituto para apoyar a jóvenes científicos. Foto: Cortesía Héctor Luque.

—¿Qué es lo que le gusta del puma?

—El rol que desempeña en el ecosistema. Es una especie muy importante porque su ciclo de vida contribuye a mantener el equilibrio. Ese impacto sobre las demás especies es lo que más me llama la atención. Tengo una fascinación por los felinos y en particular por los felinos silvestres. Además, los pumas son animales muy sigilosos, de hábitos nocturnos y crepusculares. Son activos durante la noche, que es la hora en la que cazan y al amanecer. También se mueven durante el día, pero su actividad es mucho menor. No he tenido la suerte de ver un puma de forma directa, pero me encantaría.

—¿Cómo llegó usted a interesarse por la ciencia?

—Mi papá es profesor de biología. De hecho, mi papá y mi mamá son profesores rurales y sé lo duro que es ser profesor en el Perú. Entonces, mi papá me llevaba a todos los lugares a los que iba a trabajar. Estudié en tres escuelas diferentes y en diferentes pueblos, en uno de los colegios mi papá llegó a ser mi profesor de biología y química. Así nació mi interés por ser biólogo, viendo a mi papá. En la Universidad Nacional de Puno, donde estudié, existe la especialidad de Ecología y ahí descubrí mi pasión por la conservación. Luego tuve la fortuna de hacer un voluntariado en la Reserva Nacional Pacaya Samiria donde descubrí mi pasión por la vida silvestre y por los carnívoros, especialmente por los grandes felinos. Así fue que decidí hacer mi tesis sobre el puma.

—¿Qué significó estudiar en diferentes provincias de Puno?

—Influyó en mi visión humana porque compartí el colegio con niños de diferentes condiciones socioeconómicas. Me acuerdo de amiguitos que tenían que trabajar. En uno de los pueblos donde vivía, la gente se dedicaba a la actividad minera, entonces, llegaba el fin de semana y mis compañeros de colegio se iban a la mina a trabajar. Yo no trabajaba, pero a través de ellos pude ver que la vida es bastante dura y difícil. Cuando ingresé a la universidad, me olvidé de esos problemas. Cuando llegué a Costa Rica para hacer mi maestría, con una beca del gobierno de ese país que cubría lo esencial, muchas veces tenía que pensar de dónde obtener ingresos extras para mis gastos. Entonces recordé a mis compañeros de colegio que no solo debían pensar en las clases, sino también en conseguir dinero. Recordé también a mis compañeros de la universidad que llegaban de otras provincias y casi no salían cuando el resto iba de fiesta. Bueno, en Costa Rica estuve en la misma situación.

Héctor Luque Observando a una rana venenosa en Costa Rica. Foto: Cortesía Héctor Luque.

—Usted ha creado una organización que busca apoyar a jóvenes científicos

—Se llama Instituto Andino de Conservación y Manejo de Vida Silvestre que, básicamente, busca estudiantes de las regiones andinas con vulnerabilidad socioeconómica que tengan deseos de investigar para ponerlos en contacto con científicos reconocidos, para que puedan ejecutar sus investigaciones de forma eficiente.

Lo que pasa en Perú y en el mundo es que muchos estudiantes que tienen potencial para hacer investigación de alto nivel viven en condiciones de vulnerabilidad socioeconómica. En mi caso, por ejemplo, para viajar a Chile mis padres tuvieron que sacar un préstamo, se endeudaron. Entonces, hay estudiantes con vulnerabilidad socioeconómica que no tienen acceso a información especializada, pues los cursos especializados cuestan 500, 600 o 1000 dólares y los estudiantes de bajos recursos no pueden pagarlos. La organización que estamos creando busca poner en contacto a estos estudiantes con investigadores de alto nivel de forma gratuita, y que estas investigaciones empiecen a llenar estas lagunas de conocimiento en los Andes.

—¿Por qué decidió crear esta organización?

—He tenido acceso a cursos especializados de 800 ó 1000 dólares, porque me ganaba media beca y luego me prestaban el dinero que me faltaba. Me ponía a pensar: qué pasa con las otras personas que no pueden hacer eso, que no tienen la oportunidad o que no tienen alguien que les enseñe cómo buscar una beca. Por eso, con este instituto queremos cerrar brechas socioeconómicas.


El artículo original fue publicado por Yvette Sierra Praeli en Mongabay Latam. Puedes revisarlo aquí.

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Escrito por

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Mongabay Latam es una plataforma de noticias ambientales, científicas y de conservación en español.


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