orgullosa por siempre

Alex Lucitante y Alexandra Narvaez. Ganadores del premio Goldman por América del Sur y América Central en el 2022. Foto: Goldman Environmental Prize.

Dos líderes indígenas A’i kofan de Sinangoe de Ecuador ganan prestigioso Premio Ambiental Goldman

Alexandra Narváez y Alex Lucitante, líderes jóvenes A’I kofan de Sinangoe, encabezaron un movimiento para proteger el territorio ancestral de su pueblo de la minería de oro. Por esta lucha, reciben el Goldman 2022, considerado el ‘premio Nobel de medioambiente’.El pueblo A’i Kofan de Sinangoe consiguió que el Estado ecuatoriano revirtiera 52 concesiones de extracción de oro que se superponían con su territorio y que fueron otorgadas sin la consulta previa que ordena la Constitución ecuatoriana.

Publicado: 2022-05-25

Los ecuatorianos Alexandra Narváez y Alex Lucitante, dos jóvenes líderes del pueblo indígena A’i kofan de Sinangoe en la Amazonía, obtuvieron el Premio Ambiental Goldman 2022 por su lucha en contra de la minería dentro de su territorio. Esta es la segunda vez que este reconocimiento mundial recae en manos de líderes indígenas ecuatorianos. En 2020, la lideresa waorani Nemonte Nenquimo recibió este premio por su trabajo al frente de la protección de más de 200 000 hectáreas del territorio ancestral de su comunidad en la selva tropical, las cuales están en continuo interés por parte de la industria petrolera.

En esta ocasión el veredicto de la edición de este año destacó el liderazgo de los dos indígenas kofan en la lucha contra la minería de oro que afecta las fuentes hídricas, los suelos y el aire de su comunidad. La organización destacó el liderazgo de Alexandra Narváez y Alex Lucitante como los rostros visibles de la lucha de su pueblo que “dio como resultado una histórica victoria legal en octubre de 2018, cuando los tribunales de Ecuador cancelaron 52 concesiones ilegales de extracción de oro, que fueron otorgadas sin el consentimiento de la comunidad kofan. El éxito legal de la comunidad protege unas 32 000 hectáreas de selva tropical prístina y biodiversa en las cabeceras del río Aguarico de Ecuador, que es sagrado para los kofan”, dice el fallo del jurado.

La comunidad A’i kofan de Sinangoe se asienta a orillas del río Aguarico y está conformada por 56 familias —unas 230 personas—. Los ríos Kofan y Chingual son afluentes del Aguarico y sirven para la alimentación, el riego y el disfrute de sus habitantes. Sin embargo, las actividades mineras autorizadas por el Estado ecuatoriano sin consulta previa a sus habitantes han contaminado sus aguas.

Funcionarios estatales han intentado justificar la falta de consulta argumentando que algunas de esas concesiones no están sobre el territorio kofan, pero han ignorado el hecho de que los cauces hídricos de los que la población se beneficia han sido contaminados por la actividad minera legal e ilegal aguas arriba. Por esta razón, la Corte Constitucional aclaró en febrero de 2022 que “la obligación de la consulta previa no se refiere únicamente a aquellos planes o proyectos que se encuentren dentro de las tierras de las comunidades o pueblos indígenas (…) sino también sobre aquellos que, aun sin estar en sus tierras, puedan afectarles ambiental o culturalmente de forma directa por estar dentro de su ámbito de influencia, tal como lo establece la Constitución en su artículo 57 numeral 7”.

(De izq. a der.) Nixon Andy, Coordinador de la Guardia Indígena, Alexandra Narváez, lideresa, Victor Quenamá, Presidente de la comunidad A’i Kofán de Sinangoe y Wider Guaramag, Secretario de la comunidad de Sinangoe. Foto: Goldman Environmental Prize.

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Alexandra: la voz de los mayores

Alexandra Narváez se ha ganado el reconocimiento de su comunidad por ser la primera mujer en unirse a la Guardia Indígena de Sinangoe, por presidir la Asociación de Mujeres Indígenas de Sinangoe Shamec’co y por ser vocera de la comunidad. “De la línea materna de Alexandra existe un referente de conocimiento, de saber, y su voz representa la voz de los mayores”, explica Roberto Narváez, antropólogo cultural cuyos estudios se han especializado en la población kofan.

La lideresa tiene 32 años y es madre de dos niñas, de 13 y 15 años. “A pesar de tantos problemas, teniendo que dejar a mis hijas solas en casa para poder salir a las marchas y caminar el territorio, ha sido un orgullo demostrarle a las mujeres kofan que podemos salir adelante, que podemos alzar nuestras voces y decir que vamos a cuidar nuestro territorio, somos defensoras de nuestro territorio, defensoras de la vida”, dice la joven indígena.

La Guardia de Sinangoe se conformó en 2017 para proteger al territorio de lo que ellos llaman amenazas externas, como la invasión del territorio por parte de cazadores y pescadores o el ingreso de la minería ilegal. Este grupo, cuenta Alexandra Narváez, se ha capacitado en el manejo de cámaras trampa, drones, GPS, primeros auxilios, turismo, entre otros temas. Los integrantes de La Guardia dejan su hogar durante días y semanas enteras para hacer recorridos de reconocimiento del territorio, anotar puntos de GPS de zonas afectadas por la minería ilegal y hacer fotos que revelan la existencia de invasores. “No nos pagan, lo hacemos de corazón porque queremos cuidar nuestro territorio”, aclara la lideresa.

La guardia indígena de Sinangoe recorre su territorio periódicamente para monitorear y frenar cualquier actividad ilegal. En la foto, Las Pizarras, lugar cercano en donde la guardia vió maquinaria pesada por primera vez en 2018. Foto: Goldman Environmental Prize.

A pesar de que las mujeres kofan tienen un rol activo, según explica el antropólogo, el ingreso de Narváez a la Guardia de Sinangoe “fue impactante para el pueblo kofan”. Así lo reconoce ella misma: “recibí muchas críticas ya que se suponía que las mujeres se quedarían en casa”, ha contado recientemente en su cuenta de Instagram. Ahora, ya son seis las mujeres que pertenecen a este grupo “con el afán de seguir defendiendo nuestra casa y el hogar de nuestros hijos”, destaca Nárvaez en entrevista con La Barra Espaciadora y Mongabay Latam.

Jorge Acero, abogado perteneciente a la organización Amazon Frontlines y uno de los que ha acompañado los procesos legales de Sinangoe, reconoce el mérito de Nárvaez en una sociedad machista como la ecuatoriana. “Ella tiene la fuerza para asumir roles de protagonismo y liderazgo, mover no solo a sus compañeras mujeres, sino de hacerse reconocer por la comunidad”, asegura el abogado.

Como presidenta de la Asociación de Mujeres Indígenas de Sinangoe Shamec’co, Narváez lidera proyectos de capacitación turística y gastronómica. El objetivo es que las mujeres y los jóvenes de la comunidad tengan fuentes de ingresos sostenibles a través del ejercicio de su cultura. Uno de los emprendimientos al que apuntan es el procesamiento de pescados nativos mediante ahumados y otras técnicas culinarias. Para ello, la comunidad de Sinangoe ya implementó piscinas de cachama, un pez de la familia Serrasalmidae. Estos productos serán dirigidos al mercado urbano.

Alexandra Narváez y Holger Quenamá navegan sobre el río Aguarico en la lancha de la guardia indígena. Foto: Goldman Environmental Prize.

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Alex: el portavoz del mandato de los ancestros

“Este reconocimiento es un impulso de fortaleza para la comunidad de Sinangoe, que recibe este premio como una inspiración para todas las nacionalidades indígenas del Ecuador que han acompañado la lucha de Sinangoe”, dijo Alex Lucitante al enterarse del reconocimiento. Lucitante tiene 29 años, es padre de tres hijos —dos varones y una niña— y se considera muy cercano a la medicina ancestral de “los abuelos, los taitas”.

Jorge Acero explica que los grupos familiares entre los A’i kofan vienen de clanes que tienen vínculos con el conocimiento, con el saber tradicional y con el conocimiento de las plantas y sus facultades curativas. “Los taitas, que vienen a ser los equivalentes de los chamanes, son fuertes en las familias y Alex tiene un fuerte vínculo con su padre y abuelo que eran taitas”, cuenta el abogado.

Para Lucitante, la herencia de los mayores es una responsabilidad ineludible y por eso hace una analogía cuando asegura que la Corte Constitucional les ha dado “un machete bien afilado desde el mismo Estado” para continuar con su lucha por la defensa de su territorio y en contra de las actividades extractivas para proteger la herencia de sus mayores.

Alex Lucitante, ganador de América del Sur y América Central de 2022. Foto: Goldman Environmental Prize.

Su temor no es solamente el de su pueblo sino también el de las demás comunidades indígenas de la Amazonía ecuatoriana. “Si intentan explotar este territorio van a exterminar física y culturalmente a las comunidades indígenas”, advierte y aprovecha para hacer un llamado a la comunidad internacional para luchar junto a ellos por la preservación de la naturaleza. El joven líder asegura que por eso están transmitiendo con mayor fuerza el mandato de sus abuelos y que trabajarán por seguir manteniendo intactas estas selvas sagradas que sus ancestros les han dejado.

“Es muy claro lo que dice la Corte Constitucional: que el Estado ecuatoriano y las empresas tienen la obligación de realizar la consulta y es muy importante el consentimiento […] el Estado tiene que entender que la Amazonía no es el espacio para realizar minería y actividades petroleras porque las comunidades milenariamente hemos vivido aquí y si intentan explotar este territorio nos van a exterminar física y culturalmente”, insiste Lucitante.

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Un reconocimiento para una lucha de años

“Este no es un reconocimiento a Alex y Alexandra, es un reconocimiento a la comunidad A’i kofan de Sinangoe por el esfuerzo, por esa lucha”, asegura Alexandra Narváez. El Goldman Prize 2022 representa, para la vocera de Sinangoe, un reconocimiento para los pueblos y nacionalidades que están en la lucha de la defensa territorial y de la vida. “Este es un reconocimiento importante de que procesos como el de Sinagoe pueden cambiar la realidad de los pueblos indígenas en la región y de otras luchas a nivel global”, concuerda el abogado Jorge Acero.

Mujeres pertenecientes a la Guardia Indígena de Sinangoe. Alexandra Narvaez (tercera de la izq.) lideró la creación de la guardia indígena en 2017, siendo la única mujer en el grupo en ese entonces. Foto: Goldman Environmental Prize.

El proceso de lucha por proteger el territorio en esta comunidad, explica el abogado, se inició en 2017, con la creación de la Ley Propia de Control y Protección del Territorio Ancestral de la Comunidad Sinangoe de la Nacionalidad A’i Kofan. Esta fue la respuesta indígena a las amenazas de la minería legal e ilegal, a la deforestación y a la llegada de cazadores y pescadores mestizos. Con esta Ley, la comunidad Sinangoe reivindicó su derecho al autogobierno y a la soberanía para administrar su territorio. Uno de los principales puntos de esta ley son las prohibiciones para que extraños no entren al territorio a realizar actividades extractivas. Además, en ese contexto se creó la Guardia Indígena que facilita el proceso de defensa territorial. Nárvaez y Lucitante destacan que todas estas decisiones fueron tomadas en asamblea donde participó toda la comunidad.

En los primeros recorridos hechos por la Guardia en 2017 se hallaron evidencias de minería ilegal, como la implementación de tarabitas —especie de teleféricos rudimentarios— para el transporte de material y la creación de senderos. La comunidad de Sinangoe denunció públicamente estos hechos y, entonces, la Fiscalía inició investigaciones para ubicar a los responsables de estos delitos contra la flora y la fauna de la zona. No obstante, de acuerdo con Acero, estas investigaciones no han avanzado.

A inicios de enero de 2018, retroexcavadoras y otras maquinarias ingresaron al territorio para buscar oro en el río Aguarico. En esa ocasión la comunidad presentó una acción de protección ante la Corte Provincial de Sucumbíos para denunciar el daño a la naturaleza realizado por estas actividades y la falta de consulta previa, pues los bloques mineros habían sido delimitados y concesionados en los tributarios del Aguarico sin conocimiento de los A’i kofan.

Alexandra Narváez, de nacionalidad A’i Cofán, es una lideresa en la comunidad de Sinangoe. Foto: Goldman Environmental Prize.

La Corte Provincial dictó sentencia a favor de Sinangoe, ordenando la suspensión inmediata de 20 concesiones mineras activas y 32 que estaban en trámite en el territorio indígena, declarando la vulneración de derechos y estableciendo medidas de reparación. Además, la Corte dispuso que la Contraloría General del Estado hiciera una auditoría para determinar la legalidad de las concesiones y que la Fiscalía General del Estado abriera una investigación penal. El caso luego llegó a la Corte Constitucional y la entidad, en febrero de 2022, ratificó las medidas de la Corte Provincial, marcando un precedente histórico para los pueblos y nacionalidades del Ecuador respecto a la consulta previa y la autogobernanza.

A pesar de que indígenas y abogados consideran que esta fue una gran victoria, Sinangoe todavía está a la espera de la resolución de dos procesos administrativos. Uno de ellos se refiere a la adjudicación de su territorio, que no ha sido reconocido por el Estado porque se encuentra dentro del Parque Nacional Cayambe Coca, un área protegida administrada por el Ministerio de Ambiente, Agua y Transición Ecológica (Maate). Esta cartera de Estado aún no cuenta con una normativa para adjudicar territorios que están superpuestos en áreas protegidas, a pesar de que en octubre del 2021 —asegura el abogado Acero— el ministro de Ambiente Gustavo Manrique se comprometió a discutir el borrador con los pueblos y nacionalidades indígenas, promesa que tampoco se ha cumplido.

El segundo proceso administrativo presentado por la comunidad es una queja ante la Defensoría del Pueblo por la tardanza del Ministerio de Educación para construir una escuela en la comunidad, después de que en 2020 el río Aguarico arrasara con parte del lote en donde se encontraba la infraestructura anterior.

La guardia indígena de Sinangoe recorre su territorio periódicamente para monitorear y frenar cualquier actividad ilegal. En la foto, Las Pizarras, lugar cercano en donde la guardia vió maquinaria pesada por primera vez en 2018. Foto: Goldman Environmental Prize.

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El legado

“[Los kofan] son conscientes de los riesgos que supone afrontar situaciones como la minería ilegal o enfrentarse al Gobierno, pero hay algo que tienen claro: la defensa del territorio y de los derechos está avalada y sostenida por toda la comunidad”, dice Acero. La comunidad realiza asambleas periódicamente para decidir si hacen denuncias públicas, plantones o para tomar otras acciones si es que cualquiera de sus causas necesita nuevos impulsos. Por eso, Alexandra Narváez ve en el premio Goldman una oportunidad. “Es una oportunidad de decirle al mundo que se unan a esta lucha, que no nos dejen solos, porque esta lucha de cuidar la madre tierra no es solamente de los pueblos kofan o de los pueblos indígenas”, sostiene.

Alex Lucitante destaca la importancia que tiene para ellos su territorio ancestral. “Yo defiendo el territorio porque yo crecí en el territorio pescando, mis padres han estado protegiendo el territorio porque ahí está la pesca, ahí está la cacería”, dice. Para este joven aprendiz de la sabiduría de los ancianos kofan, cada persona tiene una misión que cumplir. “Nuestro propósito es que nuestros hijos conozcan nuestra historia, que conozcan y que vivan desde el territorio, pero ante estas amenazas también es muy necesario que nuestros hijos adquieran conocimientos basados en nuestras raíces. Nuestros hijos son quienes luego van a defender el territorio”, añade.

Los indígenas kofan utilizan drones para monitorear su territorio. Foto: Goldman Environmental Prize.

Alexandra Narváez y Alex Lucitante sienten que este reconocimiento es solo un paso más en una lucha que compromete a todos los pueblos indígenas en los nueve países de la cuenca amazónica. Para ellos, ser reconocidos entre los líderes ambientalistas más importantes del mundo representa una gran responsabilidad.

Desde su creación, en 1989, el Goldman Environmental Prize, de la Fundación Goldman, ha sido entregado a 213 defensores de la naturaleza, incluidas 95 mujeres de 93 países. En el 2022, este galardón internacional, considerado el más importante del mundo para los activistas comunitarios ambientales, reconoció las luchas de siete defensores de la naturaleza en Tailandia, Australia, Nigeria, Países Bajos, Estados Unidos y Ecuador.


El artículo original fue publicado por Ana Cristina Alvarado en Mongabay Latam. Puedes revisarlo aquí.

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