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Los delfines son considerados especies centinela, es decir, una especie que refleja la calidad del ambiente. Foto: Fernando Félix.

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Según la Lista Roja de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), si bien los delfines nariz de botella (Tursiops truncatus) son una especie de Preocupación Menor, corren un inminente riesgo de extinción en Ecuador.

Publicado: 2021-09-28


En el Golfo de Guayaquil, dos poblaciones de estos animales, conocidos también como bufeos, podrían extinguirse en menos de un siglo.

Un estudio publicado en la revista Frontiers in Marine Science señala que desde principios de la década de 1990, la población de bufeos en Posorja y El Morro, dos zonas al oeste del golfo, ha experimentado una disminución del 50 %.

Cuando Fernando Félix, coautor de la investigación, empezó a estudiar a los delfines nariz de botella entre 1990 y 1992, la comunidad en el estuario del golfo era de 637 individuos. Hoy la población es de 36 delfines y solo hay cinco hembras en edad reproductiva. Según estimaciones de los investigadores, los delfines en Posorja podrían desaparecer en veinte años y los delfines en El Morro en sesenta.

¿Por qué han disminuido las poblaciones de delfines? El monitoreo de estos cetáceos se hace únicamente a través de la observación porque los científicos no tienen los recursos para poner marcas satelitales a cada uno de ellos. Por esta razón, no han podido determinar con exactitud qué ha pasado con los bufeos que han desaparecido. Sin embargo, sí se sabe cuáles son las amenazas que enfrentan estos animales en el golfo y las consecuencias que su desaparición podría significar. Estas son las cuatro claves para entender el problema.

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El enemigo: la pesca de profundidad

La amenaza principal son las artes pesqueras, sobre todo, las redes de fondo. Según el biólogo, para atrapar cangrejos y otras especies pequeñas, los pescadores fijan redes con cebo en zonas de alta profundidad y las dejan ahí, sin supervisión, durante largos períodos de tiempo que alcanzan hasta las 24 horas.

La principal amenaza para los delfines en el Golfo de Guayaquil son las artes pesqueras, el tráfico marítimo y el deterioro de la calidad de agua. Fotografía de Fernando Félix.

Los delfines no son peces con branquias que pueden permanecer todo el día bajo el agua. Son mamíferos marinos que tienen pulmones y necesitan salir a respirar a la superficie constantemente. Por eso, si se enredan en las redes lo más probable es que se asfixien a los pocos minutos.

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El tráfico marítimo y el ruido ambiental

Sobre todo en la zona de Posorja, existe una gran cantidad de embarcaciones que están en constante movimiento, aseguran los investigadores. El tráfico marítimo obliga a los delfines a esquivar los botes todo el día y eso hace que gasten más energía. Santiago Burneo, quien también es autor del estudio, explica que ese enorme gasto energético significa menos energía para su reproducción y esto los afecta demográficamente.

El golfo de Guayaquil es la zona más productiva en la costa de Ecuador. Aquí se asienta el 90 % de la industria camaronera y se realiza la mayoría de la pesca industrial costera. Fotografía de Fernando Félix.

Además, el ruido ambiental de las embarcaciones de turismo y de pesca también afecta a estos animales.

Un estudio publicado en The Journal of Experimental Biology explica que los mamíferos marinos son de las especies más afectadas por el aumento de ruido en sus hábitats.

Los delfines dependen del sonido para comunicarse y cumplir funciones biológicas como buscar alimento, evadir depredadores y reproducirse. Pero en zonas donde hay mayor ruido ambiental, llevar a cabo estas funciones es más difícil. Félix asegura que esto les provoca inmunodepresión, reduce sus defensas y los expone a varios tipos de infecciones y enfermedades. Son más propensos a sufrir trastornos respiratorios y digestivos, desarrollar úlceras o tumores, e incluso, se puede afectar la generación de hormonas sexuales; lo que afecta su reproducción y su supervivencia a largo plazo.

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La contaminación

Tres cuartos de los residuos contaminantes de toda la costa ecuatoriana desembocan en el Golfo de Guayaquil. Los investigadores Félix y Burneo aseguran que el golfo está agredido por todas partes pues recibe los desechos de las ciudades, los residuos de los cultivos de banano y arroz, y hasta los escombros tóxicos de la industria minera de las provincias de El Oro y Azuay. Esto tiene trágicos efectos en el ecosistema y su biodiversidad.

Los delfines nariz de botella pueden vivir sesenta años, pero tienen una madurez sexual tardía y un período de crianza de alrededor de tres años. Fotografía de Fernando Félix.

A Félix le preocupa, sobre todo, que últimamente se ha encontrado una carga importante de metales pesados como plomo, mercurio, y arsénico en el agua. Esto podría afectar a todas las especies y perjudicar a la cadena trófica en efecto dominó.

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Conservar al delfín nariz de botella es clave

El Golfo de Guayaquil es también el lugar donde se asienta gran parte del sector productivo de la Costa ecuatoriana. Allí se encuentran industrias camaroneras, atuneras, de pelágicos pequeños como sardinas y anchovetas, e industrias de pesca de pangora (cangrejos). Fernando Félix dice que esta zona es el activo más importante de Ecuador en términos económicos y sociales, pero que si el ecosistema no se cuida dejará de ser tan próspero como ahora y “nos vamos a ver en grandes problemas”, dice, porque sin comida y sin actividades productivas “se pondría en riesgo nuestra propia supervivencia”, asegura.

Los delfines en Posorja podrían desaparecer en veinte años, y los delfines en El Morro, en sesenta si no se toman acciones ya. Fotografía de Fernando Félix.

En el golfo, los delfines son la especie tope de la cadena trófica, es decir, son los depredadores del nivel más alto y su rol es muy importante: se encargan de mantener el hábitat en equilibrio. Ellos eliminan los animales enfermos y viejos para mantener la salud del ecosistema.

La bióloga marina Ana Eguiguren explica que sin estos depredadores las poblaciones de otras especies crecerían sin control y, a largo plazo, afectarían no solo al estuario, sino también a los manglares que lo rodean.

Además, al ser los delfines nariz de botella sensibles a las presiones que existan alrededor, son una especie centinela, es decir, que alertan cuando algo no está bien en el ambiente. La respuesta de sus organismos al contacto con elementos tóxicos puede alertar a la sociedad sobre la presencia de contaminantes y la degradación del hábitat, explica Eguiguren.

Es por eso que conservar a los delfines también permitirá conservar otras especies —algunas de las cuales son importantes para los ecuatorianos que dependen del comercio y abastecimiento de productos del mar—. Si se fracasa en su protección, las consecuencias podrían ser nefastas para el ecosistema y para las personas.


El artículo original fue publicado por Mongabay Latam. Puedes revisarlo aquí.

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Mongabay Latam es una plataforma de noticias ambientales, científicas y de conservación en español.


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